Por Camila Ramos Hernández
Tercer lugar.
Primer año de primaria.
Había una vez, en un pueblo, una pareja de señores que vivían en una cabaña. Un día, trabajando en el campo, encontraron un anillo enterrado en la tierra.
Los señores eran ya un poco viejecitos por lo que, al ver aquel maravilloso anillo, decidieron venderlo y obtener, así, un poco de dinero.
Un día de verano paseaba por el campo una hermosa familia: papá José, mamá Paula y una linda niña llamada Ana. Ellos acostumbraban a dar paseos por el campo. Al pasar por donde vivían la pareja de viejecitos, Ana le dijo a sus papás: “Miren, qué bonito anillo venden estos señores”. Su papá le dijo: “Hijita, te lo compraré por ser tan buena siempre”. Y fue así que obtuvieron el anillo.
Al día siguiente, Ana llevó el anillo a la escuela. Se sentía realmente importante y creía que por tenerlo todos la tenían que admirar.
En la escuela había una niña llamada Lucy que era más grande que Ana y siempre la molestaba, a ella no le gustó ver que Ana tuviera el anillo. Ana le tenía mucho miedo porque un día le quiso pegar.
Ana sentía muchos deseos de poder defenderse ella sola, por lo que quería en ese momento ser igual o más grande que Lucy para que no le hiciera nada. Entonces, de repente, salió un rayo luminoso del anillo apuntándose hacia Lucy y la convirtió en un enano. Ana se admiró porque su deseo se cumplió, ella quería ser más grande que Lucy. “Ahora sí, a ver qué va a decirte tu mamá”, dijo Ana.
Ana regresó de la escuela a su casa y le contó a su mamá lo bien que le había ido con el anillo, el cual cumplía sus deseos, ya que había hecho a su enemiga pequeña. La mamá de Ana, sorprendida, le pidió que le pusiera una nariz de bruja. Ana lo pensó y bum, la nariz de bruja apareció. Después Ana pensó en quitársela y bum, desapareció.
Ana regresó al día siguiente a la escuela y disfrutaba de su anillo. Hizo a Lucy de colores, después le hizo una cola de cola de cochinito, después le puso dientes amarillos, manos rosas, azules y verdes, hasta que se cansó.
Ana regresó a su casa y, en la noche, cuando descansaba, pensó que había sido muy divertido lo que había hecho, pero más divertido sería tener a Lucy como amiga.
En la mañana siguiente, de vuelta a la escuela, el pensamiento de Ana en su cabeza eran sólo cosas buenas, por lo tanto desaparecieron todas las cosas feas que tenía Lucy. Ana le pidió perdón a Lucy y le dijo que fueran amigas por siempre.
No muy lejos de la casa de Ana había un lago; las dos decidieron ir a tirar aquel anillo mágico al agua. Y fueron felices y amigas por siempre.
Tercer lugar.
Primer año de primaria.
Había una vez, en un pueblo, una pareja de señores que vivían en una cabaña. Un día, trabajando en el campo, encontraron un anillo enterrado en la tierra.
Los señores eran ya un poco viejecitos por lo que, al ver aquel maravilloso anillo, decidieron venderlo y obtener, así, un poco de dinero.
Un día de verano paseaba por el campo una hermosa familia: papá José, mamá Paula y una linda niña llamada Ana. Ellos acostumbraban a dar paseos por el campo. Al pasar por donde vivían la pareja de viejecitos, Ana le dijo a sus papás: “Miren, qué bonito anillo venden estos señores”. Su papá le dijo: “Hijita, te lo compraré por ser tan buena siempre”. Y fue así que obtuvieron el anillo.
Al día siguiente, Ana llevó el anillo a la escuela. Se sentía realmente importante y creía que por tenerlo todos la tenían que admirar.
En la escuela había una niña llamada Lucy que era más grande que Ana y siempre la molestaba, a ella no le gustó ver que Ana tuviera el anillo. Ana le tenía mucho miedo porque un día le quiso pegar.
Ana sentía muchos deseos de poder defenderse ella sola, por lo que quería en ese momento ser igual o más grande que Lucy para que no le hiciera nada. Entonces, de repente, salió un rayo luminoso del anillo apuntándose hacia Lucy y la convirtió en un enano. Ana se admiró porque su deseo se cumplió, ella quería ser más grande que Lucy. “Ahora sí, a ver qué va a decirte tu mamá”, dijo Ana.
Ana regresó de la escuela a su casa y le contó a su mamá lo bien que le había ido con el anillo, el cual cumplía sus deseos, ya que había hecho a su enemiga pequeña. La mamá de Ana, sorprendida, le pidió que le pusiera una nariz de bruja. Ana lo pensó y bum, la nariz de bruja apareció. Después Ana pensó en quitársela y bum, desapareció.
Ana regresó al día siguiente a la escuela y disfrutaba de su anillo. Hizo a Lucy de colores, después le hizo una cola de cola de cochinito, después le puso dientes amarillos, manos rosas, azules y verdes, hasta que se cansó.
Ana regresó a su casa y, en la noche, cuando descansaba, pensó que había sido muy divertido lo que había hecho, pero más divertido sería tener a Lucy como amiga.
En la mañana siguiente, de vuelta a la escuela, el pensamiento de Ana en su cabeza eran sólo cosas buenas, por lo tanto desaparecieron todas las cosas feas que tenía Lucy. Ana le pidió perdón a Lucy y le dijo que fueran amigas por siempre.
No muy lejos de la casa de Ana había un lago; las dos decidieron ir a tirar aquel anillo mágico al agua. Y fueron felices y amigas por siempre.