lunes, 25 de febrero de 2008

Las aventuras del Jonuco

Por Héctor Astorga Elizondo
Segundo lugar.
Primer año de primaria.

Hola, me llamo Héctor y vivo en un lugar llamado El Jonuco, lleno de montañas, animales y sobre todo de aventuras.
Te las voy a contar.

El ataque del puma
Un día estaba sentado en el jardín y de repente se oyó un ruido. Emiliano, mi perro guardián, un labrador color miel, y defensor de la familia salió corriendo como rayo a ver qué era.
De pronto, vi que era un gatote color amarillo, con grandes colmillos y grandes patas que llegó a mi jardín. Corrí a verlo más de cerca y ¡era un puma! El puma vio a Emiliano y salió corriendo a las montañas y mi perro atrás de él.
Dos semanas después, los vigilantes oyeron una gran pelea. Emiliano aullaba muy fuerte y ladraba mucho. No sabían de qué se trataba hasta que vieron el cachete de mi perro todo lleno de sangre ¡por un zarpazo del puma! Llegué del colegio y luego chocamos con un taxi y atrás del taxi, un camión. El taxi quedó como una hoja aplastada, pero a nosotros no nos pasó nada. Llegó la policía, una ambulancia y una grúa. A mi mamá se la llevó la policía y estuvo ahí toda la noche firmando miles de papeles. Aleluya, llegamos a casa, fui corriendo a ver qué le había pasado a mi perro y, al día siguiente, lo llevé al veterinario y le pusieron una pomada plateada. Mis papás se asustaron y llamaron a protección civil para que fuera a revisar y a buscar al puma, pero nada que lo encontraron. Por suerte, hasta hoy no lo hemos visto otra vez cerca de aquí.
Creo que es gracias a que tengo a Emiliano.

La serpiente venenosa
Caminaba atrás de la troje cuando de repente oí un zzzzz zzzzz.
Me di cuenta que era una serpiente cascabel, porque tenía un cascabel que sonaba y me quedé parado sin poder moverme. Grité, grité, grité y nadie me oyó. Luego tuve que correr muy rápido a decirles que me dieran un bote para atrapar a la serpiente. Mi papá salió al rescate y entre los dos la atrapamos y luego la matamos, porque es venenosa, y guardé el cascabel de tres anillos en mi caja de trofeos.

El oso de la montaña
Un día íbamos subiendo al Jonuco cuando, de repente, nos encontramos un enorme animal en el camino y dijimos: Es un camello. ¡No! Es un caballo. ¡No! Es un burro. ¡No! ¡Es un oso!
El oso se estaba atravesando a la calle y lo vi de cerquita, era color negro y buscaba comida. El oso corrió cuando nos vio y atravesó la muralla para escapar de una muerte aterradora.

La ruta de las piedras brillantes
Hay muchas veredas en El Jonuco. A mi preferida le puse la Ruta de las piedras brillantes, porque ahí encontré geodas, fósiles y oro de los tontos. Mi abuelo Héctor vino de vacaciones y lo invité a mi ruta especial. Es muy peligrosa, le dije, porque hay que escalar en un cañón de muchas piedras grandes y puntiagudas. De repente, ¡encontramos una calavera! ¡Una calavera de verdad! Era de zorro con dientes muy filosos. Cuando la levanté me encontré una araña peluda pero no me picó. Llevamos la calavera a la casa y la enterramos y, al día siguiente, ¡desapareció! A lo mejor el puma se la comió.

¡Qué bueno que vivo en El Jonuco!
Porque si no, no hubiera vivido las aventuras que les acabo de contar.

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